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Actitud positiva contra el síndrome postvacacional

sindrome Dejar atrás el tiempo de vacaciones para volver al trabajo puede acabar siendo una cuesta muy difícil de subir. Este cambio radical en nuestra rutina diaria puede generar el llamado síndrome postvacacional. Una actitud positiva frente al regreso al trabajo es fundamental para adaptarnos de nuevo al ritmo diario y evitar problemas de ansiedad o depresión.

El síndrome postvacacional es un concepto amplio que describe una incapacidad de adaptación al trabajo durante los primeros días posteriores al final de las vacaciones. Esto conlleva una serie de síntomas, en forma de desequilibrios tanto físicos como psíquicos, que reflejan un estado de ánimo de rechazo al trabajo.

Los síntomas

El síndrome postvacacional puede generar cansancio, falta de concentración, somnolencia y falta de apetito, entre otros. En un nivel mayor, los síntomas pueden llegar a la depresión, irritabilidad, tristeza, apatía, ansiedad, insomnio, dolores musculares, tensión, taquicardias, sensación de ahogo y problemas de estómago.

Las personas a las que afecta con mayor frecuencia son los trabajadores de entre 25 y 45 años, pero también existen circunstancias personales que ayudan a su aparición. Por ejemplo, presentar ya de forma habitual malestar con el trabajo, idealizar el periodo de vacaciones como la culminación del bienestar personal o realizar una ruptura brusca del ritmo vacacional, para incorporarse al trabajo sin transición alguna.

¿Cómo evitarlo?

El desajuste horario y los cambios en el ritmo diario y nuestra actividad social son las principales causas del síndrome postvacacional. Si a esto le añadimos el regreso a un entorno de demandas y exigencias que cambia bruscamente nuestros hábitos, el malestar puede ser mayor. Ante todo, nuestra actitud es el aspecto más importante. Lo único que conseguiremos si nos centramos en las molestias, es una preocupación desmedida. Por ello, retomar el trabajo siendo positivos, conscientes de que nos reencontramos con nuestra normalidad, debe ser la meta en los primeros días.

Tanto antes –no dejar la vuelta para última hora, sino regresar tres o cuatro días antes para ir adaptando nuestro ritmo al habitual– como después, el proceso debe ser gradual. Nos debemos integrar en la actividad profesional cuanto antes, apoyándonos en una buena y fluida comunicación con los jefes y compañeros. Y, sobre todo, no pensar en que nos quedan aún otros 11 meses para volver a descansar, pues sólo generará pensamientos negativos. Como decía Voltaire, “el trabajo es una forma de ganarse la vida, es el antídoto del ocio, origen de todos los vicios; y sobre todo, nos proporciona la oportunidad de ser útiles a la sociedad a la que pertenecemos”. Tomemos así el regreso al trabajo y aseguraremos una plácida reincorporación a nuestras funciones diarias.

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