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Así es cómo el frío afecta a tu salud

El continuo estado de frío, lluvia, nieve y bajas temperaturas que caracteriza al invierno es el protagonista de multitud de conversaciones. Lo que quizá no es tan comentado son los efectos, tanto físicos como psicológicos, que el clima frío y las bajas temperaturas pueden tener sobre las personas.

Si tú tampoco te habías parado a pensar en este tema, hoy te explicamos los cambios que el frío puede generar en tu organismo y te damos las claves para combatirlos.

Piel, labios y ojos secos

En invierno la piel en general sufre debido a los contrastes de temperatura causados por la calefacción, el frío, la lluvia, el viento… Todo ello puede provocar deshidratación, mayor sensibilidad, envejecimiento y tirantez. Hay ciertas rutinas que pueden ayudarnos a prevenir estos efectos. La principal es elegir y aplicar diariamente una buena crema hidratante, pero además es esencial beber mucha agua para reforzar la estructura de la piel. Comer alimentos ricos en vitaminas antioxidantes de los grupos A, B, C y  E también es una buena opción. Verduras como los pimientos, las coles, las espinacas o la coliflor, tubérculos como las patatas, las zanahorias o los nabos y frutas como las uvas, los higos, los plátanos o los aguacates son alimentos que te ayudarán en esta tarea.

En el caso de los labios, su piel es tan sensible que funciona mejor cuando está un poco húmeda; sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, mojarlos con saliva genera sequedad y descamación. Para evitar este problema se recomienda utilizar un protector labial diariamente.

Por último, en el caso de los ojos, durante el invierno puedes sentir frecuentes molestias como lagrimeo, sequedad y conjuntivitis vírica. Lo mejor para prevenir estos síntomas es hidratar los ojos con lágrimas artificiales, utilizar gafas de sol y, sobre todo, extremar la higiene de las manos y no compartir toallas u otros utensilios de higiene personal.

Tendrás más hambre, aunque también quemarás más calorías

Si durante la época invernal sueles tener más hambre, no te preocupes, es totalmente normal. Esto se debe a que el clima frío hace que disminuyan en nuestro organismo los niveles de serotonina, una sustancia química que funciona como neurotransmisor, por lo que el cuerpo humano tiene la necesidad de cubrirlos con alimentos altos en carbohidratos.

Además, en situaciones de frío, un adulto puede quemar hasta el doble de calorías que en una situación de temperatura media.

Para combatir el hambre a todas horas es importante establecer un hábito correcto: comer en horarios regulares sin saltarse ninguna comida puede ayudarnos a reducir la sensación de hambre irresistible.

Más frío, más posibilidad de caer enfermo

A la típica pregunta sobre si es cierto que el frío puede provocar un resfriado, la respuesta es sí, pero a medias. Y es que, no es que el frío vaya a enviarnos directamente un resfriado, si no que el invierno reúne factores que elevan la probabilidad de contraer este tipo de infecciones víricas.

Lo que sucede es, básicamente, que el sistema inmunológico suele estar más debilitado en estos meses y su respuesta ante amenazas externas es menos efectiva. Además, otra desventaja en este sentido es que el ambiente frío colabora a un contagio más rápido entre personas.

Abrigarse correctamente, llevar una dieta equilibrada (reforzando la ingesta de alimentos ricos en vitamina C), un buen hábito de higiene, sobre todo de manos, y descansar las horas recomendadas son consejos que pueden ayudarnos a evitar los resfriados y demás virus en invierno.

Dormirás más, o, al menos, tendrás más sueño

Según los expertos, la temperatura ideal para dormir se encuentra entre los 16 y los 20 grados, por lo que el invierno es la estación idónea para lograr un sueño más profundo y reparador. La explicación radica en el hecho de que cuando los días se hacen más cortos, nuestro ciclo de sueño se ve afectado y aunque duermas el mismo número de horas tu cuerpo no está expuesto a la misma cantidad de luz. Eso inmediatamente le indica a nuestro cerebro que debe producir más melatonina, la hormona que regula el sueño y nos hace sentir soñolientos. Una buena idea para evitar esta sensación de forma continua es aumentar la ingesta de vitamina D (pescados, aceite de hígado o huevos) y tener una buena rutina de ejercicio.

Las bajas temperaturas afectarán a tu estado de ánimo

Es cierto que, durante el invierno, el hecho de que los días sean más cortos y más oscuros afecta negativamente al estado de ánimo, por lo que durante estos meses solemos estar más “tristes” y, además, se disparan los diagnósticos de depresión. Los expertos recomiendan que las personas que sepan o adviertan que durante los meses de frío siguen un patrón regular de tristeza y depresión, traten esta dolencia con un profesional del ámbito.

En conclusión, el frío cambia el funcionamiento de nuestro cuerpo, por lo que debemos estar atentos a las señales que nos manda e intentar combatir los posibles efectos secundarios que puedan derivarse.

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