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Después del coronavirus

La vida se ha vuelto simple. Parece una contradicción decir algo así con todo lo que estamos viviendo. Pero si nos paramos a pensar, ¿no creéis que al ser tan prioritario protegernos contra el virus, todo lo demás, sobre todo las preocupaciones más inmediatas incluso las futuras, han dejado de tener tanta importancia?

Será conveniente relajarnos para nuestro propio equilibrio. Podemos enfocar la situación como el médico y filósofo persa, Ibn Sina (980-1037) que dijo “la imaginación es la mitad de la enfermedad; la tranquilidad es la mitad del remedio; y la paciencia es el comienzo de la cura”. Podemos recordar las palabras de Ibn Sina para no dejar que la impaciencia o una imaginación demasiado desbordada nos limite la confianza en el futuro.

Estamos aprendiendo mucho de cuanto está sucediendo
. Los que estamos bajo una protectora confinación en nuestras casas, los sanitarios que experimentan una responsabilidad máxima, de primera línea, las personas que deben seguir atendiendo sus obligaciones profesionales, todos y cada uno de nosotros está viviendo experiencias únicas nunca antes sospechadas. La manera de vivir tanto profesional como familiarmente ha cambiado, aunque momentáneamente, de forma rotunda. Incluso la habitual manera de pensar de nuestra mente ha tenido que cambiar. Y en el cambio nos vamos a dar cuenta de que, cuando todo esto pase, habremos pasado una parte del tiempo, de forma obligada, en la que se han mostrado valores que quizá con las prisas y el estrés habíamos olvidado o no los teníamos presentes. El mundo posiblemente no será el mismo en muchos aspectos: económico, político, social, educativo… Pero la huella de las vivencias actuales permanecerá. Habrán quedado para siempre diferencias de nuestra vida anterior que pueden invitarnos a reflexionar sobre varios aspectos:

1. Solidaridad. No pocas personas que viven solas están sobreviviendo en estos momentos gracias a la generosidad de los vecinos que les atienden. La vanagloriada autonomía personal se ha mostrado insuficiente ante la indefensión que ha significado la inmovilización ante una enfermedad que quita la respiración.

2. Teletrabajo.
Recientemente en un artículo de nuestro blog tecnológico argumentábamos la necesidad del teletrabajo para poder mantener la economía empresarial desde la confinación en el domicilio. Al poder demostrarse que ha podido ejercerse satisfactoriamente el desempeño profesional, es previsible que este sistema se generalice al aportar ventajas por ejemplo para el colectivo que tengan su residencia lejos de su puesto de trabajo.

3. Digitalización social. Gracias a las nuevas tecnologías podemos seguir estando conectados. El aislamiento es mucho más fácil de sobrellevar si podemos tener comunicación con nuestros allegados con toda la frecuencia que necesitemos. En estos días hemos comprobado como importantes museos han ofrecido visitas virtuales, famosos cantantes han ofrecido conciertos por Youtube. Las compras por internet se han intensificado, obviamente. Se ha sustituido lo presencial con todo lo vinculado con el mundo digital y es posible que este canal represente todavía más su expansión futura en regresión del trato directo.


Pero la reflexión final más importante es que no debemos autoengañarnos pensando que la actual situación es solo un paréntesis y que después todo volverá a la normalidad, tal y como la conocemos. Como mínimo deberemos actuar con gran esfuerzo para poder recuperar el bienestar y la prosperidad que habíamos alcanzado como sociedad. Actuemos con responsabilidad y convencimiento de que vale la pena luchar con fortaleza y valentía para ganar esta batalla.

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