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Guía práctica de primeros auxilios para padres

Criar a un hijo no es una tarea fácil. Comporta esfuerzo, sacrificio y la obligación de afrontar continuamente retos que antes no nos habíamos ni planteado. Y es que, como suele decirse popularmente, los niños no vienen con un manual de instrucciones bajo el brazo, por lo que son los padres los que deciden cómo cuidarlos, criarlos y educarlos.

No obstante, en relación a la salud de los niños, hay profesionales que pueden instruirnos sobre cómo debemos actuar frente a determinadas situaciones que pueden llegar a poner en peligro la integridad física e incluso la vida de los más pequeños. Es el caso de los doctores Juan Casado Flores y Raquel Jiménez García, del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, que han elaborado una Guía práctica de primeros auxilios para padres. Se trata de una lista de indicaciones que pueden seguir los padres ante determinadas situaciones de enfermedad, accidente u otras circunstancias que, por su frecuencia o su gravedad, suelen ser foco de preocupación.

Atragantamiento, asfixia o ahogo

En los casos de atragantamiento o asfixia, lo más importante es diferenciar las situaciones en las que el niño está consciente de las que no lo está. Si el menor se encuentra consciente, debemos colocarlo en una posición incorporada y estimularle a que siga tosiendo hasta que pueda respirar con normalidad.

En caso de que exista una obstrucción grave a causa de un objeto, debemos mirar la boca y, solo en el caso de que el objeto sea visible y accesible, extraerlo con el dedo en forma de gancho de atrás hacia delante. Cuando resulte imposible extraer el objeto y el niño esté poco consciente o inconsciente, lo primero que debemos hacer es llamar a los servicios de emergencia (112) y, a continuación, proceder a desobstruir la vía aérea; para ello debes dar cinco golpes en la zona media de la espalda o del abdomen, hasta que el objeto sea expulsado y el niño pueda volver a respirar (en el caso de los niños menores de 1 año es importante que los golpes se den solo con dos dedos). Si pese a todos estos esfuerzos el niño queda inconsciente, debe procederse a la reanimación cardiopulmonar.

En las situaciones de ahogo el protocolo de actuación es parecido, ya que, según los expertos, antes de nada debemos procurar que se avise a los servicios médicos. En caso de que el menor no tenga consciencia pero respire, debe procederse a la desobstrucción de la vía aérea mediante la maniobra boca-boca. En los casos de inconsciencia en que no haya signos de vida la reanimación cardiopulmonar mediante las compresiones torácicas es lo indicado: hundir del pecho unos 5 cm con ambas manos de forma repetitiva hasta que el menor responda o hasta que llegue la ayuda sanitaria.

Parada cardiorrespiratoria

La parada cardiorrespiratoria es el estado final que se produce en muchas de las situaciones de atragantamiento, asfixia o ahogo cuando el niño se encuentra inconsciente, no respira y no tiene signos de vida (no responde a ningún estímulo, está muy pálido o morado, no se mueve, no tose…), aunque también puede suceder de forma totalmente independiente a estos tres casos.

En las paradas cardiorrespiratorias, después de avisar o cerciorarse de que alguien va a avisar a los servicios de asistencia, debe procederse a la reanimación cardiopulmonar. Primero debe intentarse con la reanimación boca-boca, consistente en obstruir el orificio nasal y realizar dos insuflaciones en la boca realizando una pequeña pausa entre ambas. A continuación, se deben realizar las compresiones torácicas (30 repeticiones) presionando fuerte y rápido en el centro del pecho para hundirlo (4 cm en bebés y 5 cm en niños), con una frecuencia de 100-120/minuto. Este ciclo de 2 insuflaciones + 30 compresiones debes repetirse hasta que el niño responda, se mueva o respire.

Desmayo, desvanecimiento o lipotimia

Los casos de desmayo, desvanecimiento o lipotimia normalmente van acompañados de otros síntomas previos como sensación de mareo, palidez, sudoración fría, debilidad, visión borrosa… y suelen ser provocados por cambios en la circulación que hacen que momentáneamente disminuya la cantidad de sangre que llega al cerebro.

¿Cómo debemos actuar? Si el niño no ha perdido la consciencia del todo, debemos sentarlo mirando hacia abajo, con la cabeza entre las rodillas hasta que se le pase la sensación de mareo. En caso de inconsciencia, debemos tumbarlo mirando hacia arriba y ponerle las piernas en alto procurando que el lugar donde se encuentre esté fresco y ventilado y esperar a que reaccione. Cuando el niño haya recuperado la consciencia es importante que acuda a un centro médico para que le realicen los análisis y las pruebas correspondientes.

En caso de que el menor no reaccione a estas acciones, debe avisarse a los servicios de emergencia.

Intoxicación o envenenamiento

Las situaciones de intoxicación o envenenamiento suelen identificarse porque el menor desprende un olor extraño, aparecen quemaduras alrededor de su boca o tiene síntomas como dificultad para respirar, vómitos, dolor en el abdomen, somnolencia, alteraciones en el comportamiento…

Ante este tipo de situaciones, antes de tocar al menor es importante que te protejas tú mismo. Una vez procurada la protección (que pueden ser unos guantes) debes separar la sustancia tóxica del niño y si tiene algo dentro de la boca quitárselo. Si la sustancia tóxica hubiera manchado la ropa, debes quitársela y limpiar la piel simplemente con agua tibia. En estos casos, no intentes neutralizar el efecto del tóxico con líquidos como leche, aceite o cualquier otra sustancia y es importante acudir cuanto antes a un centro médico o avisar a los servicios de emergencia.

Quemaduras

Las quemaduras son uno de los accidentes domésticos más habituales, por lo que, si hay niños en casa, hay que andar con mil ojos. En caso de que un niño entre en contacto con líquidos calientes, objetos incandescentes, fuego, electricidad o productos químicos, antes de nada, hay que apartar al menor de la fuente de calor. A continuación debes quitarle la ropa que esté caliente, a excepción de aquella que se haya pegado a la piel, que no debe tocarse, y enfriar con agua fría todas las zonas quemadas durante unos 15-20 minutos (esto no se aplica en los casos de quemaduras con gasolina).

En caso de que aparezcan ampollas, es importante taparlas con un paño limpio y no explotarlas, acudiendo al médico de forma inmediata.

Golpes y traumatismos

Los golpes y traumatismos también son accidentes de lo más habitual en niños, sobre todo cuando son pequeños. La forma de proceder dependerá del lugar donde se haya producido el golpe y de la intensidad de este, aunque podemos establecer una línea de actuación general. Tras un golpe, lo mejor es aplicar frío sobre la zona golpeada y comprimirla durante unos 10 minutos para evitar, en la medida de lo posible, que aparezca el hematoma. A continuación se recomienda elevar la zona golpeada para disminuir la hinchazón y guardar reposo hasta que remita el dolor. En los casos de golpes y traumatismos graves, debes acudir al médico de forma inmediata.

Heridas

Un golpe, un corte, una rozadura… son múltiples las causas que pueden provocar la aparición de una herida sangrante que puede derivar en una infección, por lo que es realmente importante curarlas de forma adecuada. Antes de tocar cualquier herida, debemos lavarnos bien las manos con agua y jabón, así evitaremos el contacto directo de cualquier bacteria con ella. Después, debemos lavar la herida también con agua y jabón para, a continuación, ejercer presión sobre ella con gasas o un paño limpio para frenar la hemorragia. Una vez la herida haya dejado de sangrar, debe elevarse la zona lesionada y procurar hacer hacer reposo. En los casos de heridas de gravedad, se debe acudir a un centro médico lo antes posible.

Estas son solo algunas de las situaciones que pueden poner en peligro la integridad física o la vida de los más pequeños que trata la guía, puedes consultar completa aquí.

En definitiva, se trata de circunstancias que suceden habitualmente y que pueden tener consecuencias negativas, por lo que tener un seguro de salud que te permita el acceso a profesionales sanitarios resulta, a la larga, realmente beneficioso.

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