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La nueva realidad ya ha llegado

En otro artículo de este blog especulábamos con el futuro que se nos presentaba cuando pudiéramos salir del confinamiento obligatorio que hemos pasado en nuestras casas con el objetivo de protegernos de la pandemia mundial, una situación cuyo final definitivo todavía se nos antoja muy lejano. Apelábamos entonces a la serenidad y a la paciencia. También invitábamos al reconocimiento de unos valores que, en las circunstancias adversas para todos, surgían de forma natural como protección innata al grupo, entre ellos, la solidaridad humana.

Pero la nueva realidad ha llegado y la llamamos “nueva” porque se parece mucho a la anterior, pero todos sabemos que es muy distinta. Por ejemplo, en cuanto a imágenes. Si ponemos como referencia una fotografía tomada el año pasado por estas fechas, pongamos por caso en una calle principal de Barcelona, en comparación a la imagen del mismo lugar, percibiríamos unas cuantas diferencias:

  • Se ha incorporado un nuevo objeto en las caras de todas las personas. Habíamos visto que lo utilizaban habitualmente en China pero nunca se nos hubiera ocurrido que fuéramos a usarlo en nuestro país. El complemento ineludible a nuestro vestuario: las mascarillas.
  • Si nos fijamos bien en las hipotéticas fotos, veríamos que donde antes se veía un 90 % de turistas en esta época del año en esta ciudad, ahora apenas llegan a un 10 %.
  • Los edificios parecen los mismos, pero no. Por lo que se refiere a los hoteles, que son muchos en esta parte del país, donde hace un año sus puertas se abrían para recibir a personas de cualquier parte del mundo, ahora están mudos, silenciosos, y no es porque no estén deseando ser acogedores, si no por la falta de visitantes. Por otra parte, no todos los pequeños comercios han tenido la oportunidad de volver a abrir. El cese de la economía ha causado estragos.

 

 

Sin embargo, aquí estamos, fuera de nuestras casas, para volver a recuperar la esencia de la última realidad, la de antes de la pandemia, persiguiendo nuestros objetivos como antes, buscando nuestro camino a pesar de las dificultades, porque, como dijo Herman Hesse, “cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello”. Este poeta, escritor, novelista y pintor alemán es un referente de toda una generación de jóvenes en los años 60. Sufrió varias crisis existenciales a causa de graves problemas personales, pero se convirtió en uno de los autores europeos más leído del siglo XX, sobre todo en Japón y Estados Unidos. Sus obras se han traducido a 40 idiomas.

Nombramos a Hesse para poner en valor su resistencia ante las dificultades que plantea la vida. Hijo de misioneros cristianos, desarrolló una inmensa sensibilidad espiritual. En su biografía nos explica que, a los quince años, por la rigidez educativa que recibía y que le impidió estudiar poesía, abandonó el centro donde estudiaba: “desde que cumplí los trece años estaba claro para mí que quería ser poeta o nada”, e insiste en el descubrimiento que fue para él la penosa certeza de que no había caminos ni enseñanzas para ser un buen poeta. Pero tras pasar por duras pruebas vitales, lo consiguió. Y mucho más de lo que se propuso.

Nosotros tenemos una penosa certeza: el coronavirus sigue aquí, todavía no sabemos si algún día se irá, o se quedará latente como amenaza para recordarnos que nuestra existencia es frágil y que todo es efímero. Como dijo Herman Hesse: “ser poeta o nada” o sea, que perseguía su deseo y nada más, nosotros tenemos que perseguir el único objetivo de perseverar en nuestro empeño. Cada uno de todos nosotros debe fijarse su propio objetivo, su sueño, su proyecto. No hay alternativa. Simplemente seguir adelante.

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