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¿Necesitamos abastecernos de tanta cantidad de productos?


Tenemos tendencia a que nos guste tener todo controlado. Nuestro hogar es el espacio que en general debería hacernos sentir seguros y confortables, con mayor sensación de control de nuestra vida íntima. El hogar es el lugar donde en teoría podemos satisfacer nuestras necesidades básicas (comer, dormir, asearse…), lo cual podemos deducir que para tener una mínima seguridad en nuestra existencia necesitaremos, al menos, una cama, agua y alimentos en el espacio donde vivimos. Por lo que se refiere a los alimentos quizá puedan pasar hasta varias semanas viendo que nos hemos olvidado de comprar esos cereales que nos gustan. También puede ser que al levantarnos nos apetezca un zumo de naranja, pero, ¡ay! ¡Ayer nos olvidamos de comprar naranjas otra vez! Bueno, da igual, podemos sustituir el zumo de naranja por leche y galletas. Y sin pensar en nada más, sin preocuparnos de que nos falten esos productos que nos apetece tener en casa, saldremos a la calle tranquilamente y volveremos por la noche dándonos cuenta que nos hemos olvidado (hoy también) de comprar precisamente esos productos. Y no tendremos sensación de descontrol ni ansiedad.

Pero no nos quedamos tan tranquilos cuando vemos amenazada la posibilidad de que se nos prive, por causa externa, la compra de esos productos que, los necesitemos o no, pensamos que siempre tendremos a nuestra disposición cuando nos plazca comprarlos.

¿Cuándo necesitamos almacenar compulsivamente productos en casa?

Cuando nos sentimos amenazados. La falta provisional de productos que suponemos necesarios tener en casa no nos agobia, aunque se alargue en el tiempo, porque sabemos que en cualquier momento los podemos obtener. Es diferente cuando pensamos que quizá no podamos encontrarlos. Se desata nuestra necesidad de ellos. El cierre del proveedor de un producto preferido, una huelga de transportes o vivir algo tan impensable en el pasado reciente como es una pandemia mundial.

joven comprando
Vivir algo tan impensable en nuestras mentes como una pandemia que afecta a todo el planeta comportó, en el primer semestre del año 2020, que los consumidores arrasaran los establecimientos en sus compras por miedo al desabastecimiento. El hecho curioso al inicio de la pandemia fue la gran demanda y la consiguiente desaparición del papel higiénico de los supermercados. Es entendible que un bien de primera necesidad, ante la posible escasez, causara el pánico a la gente con el deseo de almacenar grandes cantidades de este producto. Quizá la causa fuera también la de que uno de los posibles síntomas del coronavirus fuera la diarrea. Un posible temor subconsciente de que si nos llegáramos a contagiar ¡al menos que pudiéramos realizar debidamente nuestra higiene personal!
chica comprandoBromas aparte, no parece aconsejable acaparar de manera compulsiva artículos que pensemos que nos resultan imprescindibles por el mero hecho de que pudieran ser difíciles de suministrar, por ejemplo, por el conflicto entre Rusia y Ucrania. El aceite de girasol está desapareciendo de las estanterías de los comercios de alimentación dado que parte de la materia prima de la que se compone este aceite proviene de Ucrania. La situación de demanda ha hecho que se racione a una sola botella por consumidor recientemente en los establecimientos.

¿Comporta consecuencias el superabastecimiento en los hogares?

En primer lugar, provoca un mayor incremento de los precios por las altas demandas y, por otra parte, aunque fabricantes y distribuidores no vean situación de alarma, el temor que inspira que un producto no sea provisionalmente tan fácil de adquirir, no debería ser el motivo para que nos provoque inmediatamente una incontrolable necesidad de tener grandes cantidades en casa sin preguntarnos ¿pero realmente lo necesito? Quizá el consumidor que compraba únicamente aceite de oliva, y no había comprado jamás una botella de aceite de girasol, estos días, (con todo el derecho, claro), quizá se le haya ocurrido que “… ¿y si quisiera cocinar con aceite de girasol? quizá lo necesite algún día…” y habrá comprado cuatro cajas de diez botellas cada una. Apliquemos el sentido común.

mujer feliz con frutaLa reacción ante una situación imprevista es diferente en cada uno de nosotros y si puede suponer un riesgo, en este caso la posible disponibilidad de comprar un producto de primera necesidad, será valorada también en relación a la adaptación positiva de sustituirlo por otro o de renunciar a él. Recordemos que cuando pensamos que ese producto preciado está en el estante del supermercado, esperando a que lo compremos, somos capaces de prescindir fácilmente de su compra.

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