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Tiempo extra que estamos a punto de perder

Parece extraño que pueda decirse que ha habido alguna ventaja en estos tiempos excepcionales que nos ha tocado vivir con la llegada de la pandemia. Nos referimos a que, para una gran mayoría, el hecho de habernos visto obligados a permanecer largo tiempo en nuestras casas, ha permitido que podamos disponer de más tiempo libre.

Ha sido un tiempo libre que nos hemos apresurado a llenar, como sea, de actividades. Se ha disparado la compra por Internet de productos de habilidad manual. Todos teníamos prisa por obtener distracción a toda costa. Hemos comprado como locos packs de dibujo y pintura en todas sus modalidades: pintar con números, mandalas, dibujo artístico… aunque nunca hubiéramos tenido esa necesidad ni como hobby. Nos hemos apuntado a toda clase de prácticas y ejercicios por zoom: yoga, gimnasia, baile… Todo ello con buenas perspectivas de cuidar efectivamente nuestra salud mental y física.


Y nos ha salido bien, porque con estas actividades nuestro cuerpo y nuestra mente han estado ocupados y todo ello ha ayudado a llenar el vacío de la sensación de irrealidad y amenaza que se nos estaba viniendo encima.

Pero ahora que empezamos a vislumbrar, tímidamente y hasta con sensación de incredulidad, el final del túnel, debemos volver la vista atrás y percatarnos que podemos recoger al menos un aspecto positivo de la terrible situación: hemos podido frenar el trepidante ritmo de vida que algunos llevábamos y darnos cuenta de la forma tan intensa como nos tomamos la vida cotidiana. Hemos podido parar de golpe lo que nos llegó sin previo aviso (que nos hubiera venido bien para ir preparándonos) y de manera impuesta, cosa que siempre duele. Y, para ser sinceros: sin pretenderlo, nos ha dado tiempo para reflexionar sobre nuestras decisiones y nuestra vida. Algo que nunca viene mal si no estamos acostumbrados a enfrentarnos a nosotros mismos.


Ahora que la antigua realidad parece que va a volver, al menos por lo que se refiere a la relajación de las medidas preventivas, no olvidemos lo que hemos aprendido ni despreciemos ese tiempo extra que nos otorgó, nos gustase o no, la quietud y silencio necesarios para la reflexión, algo que nuestro cuerpo seguro que aún nos está agradeciendo.

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