Últimos artículos

Todos hablan de ‘mindfulness’… ¿por qué?

Se habla continuamente, hoy en día, de mindfulness. Puede sonar como algo novedoso, una técnica nacida para sobrevivir mejor con la oleada de información que recibimos con las nuevas tecnologías, pero la expresión mindfulness viene de antiguo.

 Origen de la palabra mindfulness

La palabra tiene un origen exótico. Thomas William Rhys Davids, erudito británico experto en lengua pali (India) tradujo en 1881, en su publicación de Buddhist suttas (textos religiosos budistas) la palabra sati con el término mindfulness, con el significado de actividad mental o pensamiento. Algunos, como Katherine Thompson, escritora y divulgadora de mindfulness en la fe cristiana, opinan incluso que la palabra ya se usaba desde 1530: “The word mindfulness was first used in 1530 in the context of Christian faith”, (la palabra “mindfulness” se usó por primera vez en 1530 en el contexto de la fe cristiana”.

Podemos imaginar que la esencia de la palabra por sus antecedentes budistas o en el contexto religioso cristiano, sugiere una  forma de pensar, una atención distinta, una actitud centrada, en la que el protagonista es el propio cerebro.

En la práctica de mindfulness se insiste en que no corresponde decir que debe dejarse la mente en blanco, como pudiera parecer en las técnicas de relajación. Su significado se asocia más a la definición que en 1970 Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de la Universidad de Massachusetts, hizo del término para nombrar a la meditación en su programa, para diferenciarlo de la mística oriental. De hecho, ha concedido al término mindfulness su interpretación actual: “conciencia que surge al prestar atención, con el propósito enfocado en el momento presente, y sin juzgar”.

 

Un ejemplo para reflexionar

¿Alguna vez alguien se ha preguntado por qué a los niños les gusta ver la misma película un número infinito de veces? Lo inaudito es que parece que la disfrutan cada vez como si fuera la primera. Se concentran solamente en lo que está sucediendo en la pantalla y no se distraen, manteniendo la atención hasta el final.

Una posible explicación de este fenómeno podría ser que la capacidad de atención y el proceso cognitivo en las primeras edades no es tan ágil y, aunque se sienten atraídos por las imágenes, no siempre comprenden exactamente todo lo que sucede en la película. Por ello, cada vez que la ven pueden captar nuevos detalles que antes no habían percibido y se supone que realizan una conexión emocional más fuerte cada vez que comprenden mejor la acción de los personajes. Los niños pueden experimentar una mayor autoestima o euforia cuando son capaces de predecir situaciones de la película que ya saben de memoria.

Esto mismo que les pasa a los niños cuando se dan cuenta de los detalles de la película, que les han pasado desapercibidos por el exceso de información, puede ser la base para entender que los adultos tampoco pueden digerir toda la información, excesiva, que tenemos en nuestra mente. La cuestión es poder conseguir una atención plena, satisfactoria, sin distracciones hacia cualquier tema o situación.

En este sentido, en el ciclo de Jornadas Formativas para empleados que organiza MGS Seguros, Eva Boix, experta formadora en ámbitos comunicativos, informó recientemente de una realidad en forma de una estremecedora cifra que nos parecerá increíble pero que está corroborada científicamente: “el cerebro toma 35.000 decisiones diarias de las que solo somos conscientes del 1 %”. Parece que nuestro cerebro puede llegar a estar sobrecargado, por tanto, Eva Boix nos hace tener consciencia de que es recomendable aprender a “desconectar del exterior y a conectar con nosotros mismos en cuerpo y mente”.

Y es que mindfulness es una técnica que nos enseña a lograr la atención plena sobre un solo concepto, con el fin de identificar nuestras emociones. Todo ello nos ayudará, además, a poder eliminar la posible frustración o ansiedad, tan conocidas por gran parte de nuestra sociedad.

UA-5029494-8